Reciban los lectores de esta
columna, de parte de quienes formamos parte de ASPRODECO, los más sinceros
deseos que este año 2016, que recién empieza, esté lleno de bienestar personal,
familiar y laboral.
Pues iniciamos 2016 y la
Superintendencia de Administración Tributaria continúa sin tener un
Superintendente debidamente nombrado por el Presidente de la República, tal cual
lo manda su Ley Orgánica.
Desde los acontecimientos del año
2015 que llevaron a tres de los últimos cuatro Superintendentes a tener
procesos penales abiertos, incluso dos se encuentran guardando prisión
preventiva, la institución se ha visto sumergida en un clima de zozobra que
afecta sobre todo a los empleados y funcionarios de nivel medio, quienes en su
mayoría son los que han guardado la llamada carrera administrativa que se
pretendió implementar hace algún tiempo. Recordemos que en el caso de los empleados,
son ellos quienes tienen contacto directo con los contribuyentes, por lo que la
inestabilidad les afecta a ellos también.
Es cierto que durante este
tiempo, la SAT no ha dejado de tener una cabeza visible, pero los funcionarios
que han estado “sacando la tarea” lo han hecho interinamente, por lo que el
máximo de tiempo que pueden estar en el puesto es de tres meses. Esto de
ninguna manera puede dar estabilidad a un ente de la importancia que tiene la
SAT, recordemos que se trata de la institución encargada de proveer los
ingresos que sirven para cubrir la mayor parte del Presupuesto General de la
Nación.
No hace mucho tiempo veíamos una
entrevista que le hicieron al señor Presidente Alejandro Maldonado Aguirre
respecto a este tópico y él respondía que dicho nombramiento no se había
realizado porque de conformidad con la ley, el Directorio de la SAT debía
enviarle una terna de personas que reunieran los requisitos para ocupar dicho
puesto, lo cual no ha sucedido.
Tiene razón el señor Presidente,
personalmente creo que existe responsabilidad del Directorio de la SAT de no
haberle enviado ya la terna para el nombramiento respectivo. Pero cabe
preguntarse ¿qué piensa el Ministro de Finanzas Públicas al respecto? ¿Cuál es
su posición como Presidente de dicho Directorio? ¿Será que el Presidente de la
República no le ha podido instruir para que lleve el tema al seno del
Directorio y que sea discutido? ¿Por qué insisten en hacer nombramientos
interinos desde hace más de seis meses?
La respuesta puede estar en que
este Directorio ha sufrido un gran desgaste desde que el Gobierno de Otto Pérez
Molina intentó sustituirlos, efectuando incluso una reforma a la Ley Orgánica
de la SAT y convocando a la Comisión Postuladora, la que llevó a cabo un
procedimiento de recopilación de expedientes de profesionales que podían optar
a ser miembro del Directorio. Dicha Comisión Postuladora presentó un listado de
candidatos al Presidente Otto Pérez Molina; sin embargo, el asunto quedó ahí;
no se nombraron nuevos Directores y menos se nombró nuevo Superintendente.
A todo esto, ya se nos viene el
14 a las 14. Nuevas autoridades tomarán posesión y quien se anime a enfrentar
el terrible reto que implica tomar las riendas de la SAT, debe saber que se
encontrará con una entidad totalmente debilitada; habrá de trabajar horas
extras para mejorar la recaudación, debiendo mejorar la moral de los empleados
y funcionarios de mandos medios, quienes han sido los más afectados con lo
acontecido en la institución y son quienes más contacto directo tienen con los
contribuyentes.
Si no se le da la importancia que
tiene la autoridad tributaria, la recaudación seguirá en trapos de cucaracha y
deberemos seguir dependiendo de la emisión de bonos y contratación de más deuda
externa para cubrir las necesidades del Presupuesto General de la Nación, y ya
de todos es sabido las consecuencias que ello tendrá para nosotros y nuestros
hijos.
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