viernes, 15 de enero de 2016

El contribuyente: ¿cliente o enemigo?


En una columna anterior me referí a la obligación que tenemos los guatemaltecos de pagar impuestos. Entre los comentarios que recibí de quienes se tomaron el tiempo de leerla, sorpresivamente muchos manifestaron su anuencia a pagar impuestos, aunque también otros expresaron su desazón en cuanto a que contribuir les resulta muy difícil viendo el destino que las autoridades le dan a los recursos que se obtienen por la vía tributaria.

No les quito razón, a veces es desilusionante pagar impuestos y luego enterarme en los medios que se destapan casos de corrupción por aquí y por allá. Pero lo bueno es que estamos viviendo una época en que nos estamos enterando de esos casos. Antes ni siquiera los sabíamos; ahora a los mañosos les costará hacer o deshacer con el dinero del Estado, porque la ciudadanía está vigilante y eso es bueno.

Volviendo a los comentarios que obtuve de la columna, hubo más de alguien que me hizo ver que teniendo disposición de pagar impuestos, la propia autoridad tributaria se encarga de dificultar en gran medida esa opción. Como consultor tributario, muchos de mis clientes me han expresado sus experiencias en las oficinas o agencias  de la SAT: desde los guardias de seguridad privada de la entrada, que no siempre son de lo más atentos que pudieran ser, pasando por el interminable tiempo de espera y finalizando con la mala atención que reciben de parte de quienes reciben un salario precisamente para eso, atenderlos.

En ASPRODECO hemos tenido innumerables discusiones respecto al trato que reciben los contribuyentes en las agencias tributarias. De mi parte, discuto mucho con mis colegas, pues a veces defiendo al personal de la SAT, tal vez tendrá que ver que laboré casi 10 años para dicha institución, tiempo que me permitió conocer algunas interioridades del quehacer administrativo de la misma. Pero existen otras veces, la mayoría, que definitivamente no hay por donde defender las actitudes que tienen los colaboradores de la SAT que se encargan de atender a los contribuyentes.

Muchos contribuyentes se quejan que en las ventanillas de atención o de recepción de documentos de la SAT, muchas veces se “inventan” requisitos para no recibir las solicitudes o para no atenderlos correctamente. Los Abogados tenemos un nombre a estas actitudes que toman estas personas: “legislación de ventanilla”. A mí me pasó una vez que un colaborador de la SAT no quería recibirme un escrito, lo cual a todas luces violentaba mi derecho constitucional de petición. Al pedir hablar con su superior e indagar la razón por la que no quería recibirlo, simplemente manifestó que no lo recibía porque no tenía idea de a dónde debía mandarlo para que resolvieran mi petición.

Creo que el problema es que la SAT no ve al contribuyente como lo que en realidad es: un cliente. ¿Quién trata mal a un cliente? Nadie. En este mundo tan competitivo, las empresas saben que un cliente satisfecho, es un cliente fiel. Que se trate de una dependencia del Estado no significa que la SAT, no pueda aplicar herramientas empresariales de atención al cliente; al contrario es urgente que lo haga.


Nos encontramos ante un momento decisivo en la historia del país. Si la SAT no muestra un cambio en la actitud de sus colaboradores en relación a la atención a sus clientes que son los contribuyentes, éstos seguirán mostrando resistencia para pagar impuestos, lo cual nos llevará a un círculo vicioso que nunca terminará.

La SAT sin cabeza


Reciban los lectores de esta columna, de parte de quienes formamos parte de ASPRODECO, los más sinceros deseos que este año 2016, que recién empieza, esté lleno de bienestar personal, familiar y laboral.
Pues iniciamos 2016 y la Superintendencia de Administración Tributaria continúa sin tener un Superintendente debidamente nombrado por el Presidente de la República, tal cual lo manda su Ley Orgánica.

Desde los acontecimientos del año 2015 que llevaron a tres de los últimos cuatro Superintendentes a tener procesos penales abiertos, incluso dos se encuentran guardando prisión preventiva, la institución se ha visto sumergida en un clima de zozobra que afecta sobre todo a los empleados y funcionarios de nivel medio, quienes en su mayoría son los que han guardado la llamada carrera administrativa que se pretendió implementar hace algún tiempo. Recordemos que en el caso de los empleados, son ellos quienes tienen contacto directo con los contribuyentes, por lo que la inestabilidad les afecta a ellos también.

Es cierto que durante este tiempo, la SAT no ha dejado de tener una cabeza visible, pero los funcionarios que han estado “sacando la tarea” lo han hecho interinamente, por lo que el máximo de tiempo que pueden estar en el puesto es de tres meses. Esto de ninguna manera puede dar estabilidad a un ente de la importancia que tiene la SAT, recordemos que se trata de la institución encargada de proveer los ingresos que sirven para cubrir la mayor parte del Presupuesto General de la Nación.
No hace mucho tiempo veíamos una entrevista que le hicieron al señor Presidente Alejandro Maldonado Aguirre respecto a este tópico y él respondía que dicho nombramiento no se había realizado porque de conformidad con la ley, el Directorio de la SAT debía enviarle una terna de personas que reunieran los requisitos para ocupar dicho puesto, lo cual no ha sucedido.

Tiene razón el señor Presidente, personalmente creo que existe responsabilidad del Directorio de la SAT de no haberle enviado ya la terna para el nombramiento respectivo. Pero cabe preguntarse ¿qué piensa el Ministro de Finanzas Públicas al respecto? ¿Cuál es su posición como Presidente de dicho Directorio? ¿Será que el Presidente de la República no le ha podido instruir para que lleve el tema al seno del Directorio y que sea discutido? ¿Por qué insisten en hacer nombramientos interinos desde hace más de seis meses?

La respuesta puede estar en que este Directorio ha sufrido un gran desgaste desde que el Gobierno de Otto Pérez Molina intentó sustituirlos, efectuando incluso una reforma a la Ley Orgánica de la SAT y convocando a la Comisión Postuladora, la que llevó a cabo un procedimiento de recopilación de expedientes de profesionales que podían optar a ser miembro del Directorio. Dicha Comisión Postuladora presentó un listado de candidatos al Presidente Otto Pérez Molina; sin embargo, el asunto quedó ahí; no se nombraron nuevos Directores y menos se nombró nuevo Superintendente.

A todo esto, ya se nos viene el 14 a las 14. Nuevas autoridades tomarán posesión y quien se anime a enfrentar el terrible reto que implica tomar las riendas de la SAT, debe saber que se encontrará con una entidad totalmente debilitada; habrá de trabajar horas extras para mejorar la recaudación, debiendo mejorar la moral de los empleados y funcionarios de mandos medios, quienes han sido los más afectados con lo acontecido en la institución y son quienes más contacto directo tienen con los contribuyentes.

Si no se le da la importancia que tiene la autoridad tributaria, la recaudación seguirá en trapos de cucaracha y deberemos seguir dependiendo de la emisión de bonos y contratación de más deuda externa para cubrir las necesidades del Presupuesto General de la Nación, y ya de todos es sabido las consecuencias que ello tendrá para nosotros y nuestros hijos.

¿Por qué nos resistimos a pagar impuestos?


Según el artículo 135 literal d) de la Constitución Política de la República, es deber de los guatemaltecos, entre otros, contribuir a los gastos públicos de conformidad con la ley. Este artículo de la Norma Suprema lamentablemente, no es muy conocido por muchos guatemaltecos, principalmente aquellos que no están relacionados con el ámbito legal. Muchas personas piensan que la obligación de pagar impuestos está en cada una de las leyes que los establecen, pero vemos que no es así, pues existe un mandato constitucional para colaborar con el Estado en sus gastos.
Es costumbre del chapín andar buscando la forma de no cumplir con las obligaciones. Siempre vemos como darle vuelta a las cosas; por ejemplo, buscamos ambigüedades en las leyes, en las redacciones de los contratos, etc. todo para no satisfacer los deberes a los que nos hemos comprometido. Pagar impuestos, es un caso paradigmático de esta conducta chapina.
Cuando en la anterior Ley del ISR, existía la posibilidad de utilizar la famosa “planilla del IVA” para acreditarla al ISR, andábamos buscando facturas para ingresarlas a la planilla y con ello bajar el impuesto, llegando incluso a solicitar devoluciones del impuesto. Sin embargo, pocas facturas que formaban parte de esa planilla eran facturas que llenaban los requisitos que establecía la Ley para ser consideradas como válidas. La SAT se percataba de eso, hasta que iniciaba con los programas de fiscalización dedicados a verificarlas.  A muchas personas se les devolvió ISR “retenido en exceso”, basados en facturas que no eran válidas, lo cual se evidenció hasta que la SAT revisó algunas planillas. En la nueva Ley del Impuesto Sobre la Renta, prácticamente desapareció la utilidad de la “planilla del IVA”; con lo cual, a mi parecer se perdió una herramienta gratuita de fiscalización, pues las personas al pedir facturas en sus transacciones, ayudaban a la SAT.

Con las empresas sucede lo mismo: tanto el régimen optativo de la anterior Ley del ISR y el régimen sobre las utilidades de las actividades lucrativas establecido en la nueva ley, permiten deducir del total de sus ingresos, los costos y gastos que sirvan para producir esos ingresos. Sin embargo, la larga batalla de la SAT es verificar que las empresas hayan efectuado realmente esos gastos y que no sean otros, no relacionados. Muchas de las auditorías de la SAT van precisamente por ahí.

Estos dos simples ejemplos nos llevan al título de esta columna: ¿Por qué nos resistimos a pagar impuestos? ¿Por qué creamos estructuras, muchas veces ilegales, para bajar nuestra carga tributaria? La respuesta seguramente es: Porque se los roban; porque los recursos que se obtienen de los impuestos, los utilizan en cosas distintas menos en atender los gastos sociales: salud, seguridad, educación, etc. Sin embargo, ¿hasta dónde podemos llegar con esa resistencia a pagar impuestos? Si seguimos viendo que se los roban, ¿simplemente vamos a utilizar nuestro “derecho de legítima resistencia” y quebrar definitivamente a un Estado, que ya se encuentra en trapos de cucaracha?


En ASPRODECO somos plenamente conscientes que la obligación de contribuir a los gastos del Estado no puede diferirse de ninguna manera y por ningún guatemalteco. Todos debemos colaborar en atención a nuestras posibilidades. Ello nos permitirá verificar que esos ingresos sean utilizados correctamente y también exigir a nuestras autoridades el cumplimiento de sus obligaciones. Caso contrario, preparémonos para regresar a la edad de las cavernas.

Retomando este intento de blog!!

La verdad ni me acordaba que tenía creado este blog. Según estaba viendo la primera y única entrada la tenía desde el año 2010. Como nada, hace más de cinco años.

Como ahora tengo la oportunidad de escribir una columna, casi mensual en el Diario La Hora para la Asociación Pro Derechos del Contribuyente -ASPRODECO-, ya llevo dos columnas, las cuales se me ocurrió también publicarlas en este blog, por lo que a partir de hoy estaré subiéndolas acá, ya sea antes o después de ser publicadas en el Diario.

Saludos,